Es común ver (y comprar) trajes y complementos masculinos para mujeres. El estilo tomboy o el “dandismo” femenino apenas captan ya nuestra atención mientras que las faldas y tacones masculinos son siempre noticia. Que se lo digan, si no, al tándem Kanye West Givenchy o al fondo de armario by Prada de Marc Jacobs.

Una bobada no mejora si se repite. Solo se convierte en una gansada doble. En fin. Had the draft picks all gone to style camp for crash courses on how to dress like GQ models? They had not. Nearly to a man, they had a stylist, as who does not these days? “I’m not very talented when it comes to style,” said Jonathan Cooper, the North Carolina offensive guard chosen seventh over all by the Arizona Cardinals. “A designer put my outfit together for me.” A hairstylist had arranged his microbraids..

I still use the word indie, but just as a primer. It essentially now means “non aggressive guitar music”. But really indie on its own is a useless word it needs a prefix or a sense of context. El guardarropa de Amal incluye una colección de vestidos femeninos de marca, corte elegante y colores discretos que utiliza para trabajar. Las barristers londinenses suelen llevar el largo de falda más amplio que Amal en los tribunales. Ha hecho famosos vestidos monocolor como el rojo de la fotografía, o como el famoso babydoll rosa con lazos de Paul Ka, que se vendió como churros.

Sí, a mediados de los 80 era bastante habitual que los pocos jugadores extranjeros que jugaban en la NBA tuvieran una experiencia previa en el baloncesto universitario, como bien apunta el presi. El caso de nuestro Fernando Martín fue totalmente excepcional, lo que sirvió precisamente para que su hermano Antonio jugara en la Universidad de Pepperdine un par de aos o 3. A los ya mencionados Detlef Schrempf, Uwe Blab o el prota de hoy, estaría también el holandés Rik Smits y jugadores africanos, como Hakeem Olajuwon o Manute Bol DEP..

FOTO: Ana PalaciosTodas estas mujeres forman parte de ‘Albino’, la exposición y libro de la fotógrafa zaragozana Ana Palacios, que ha pasado cuatro aos viajando a frica para documentar esta realidad. En su primera visita a Kabanga, un refugio construido por el Gobierno tanzano para protegerlos algo que por otra parte también contribuye a su aislamiento , Ana pensó que iba a encontrar a personas huidizas y aterrorizadas, que se esconderían al verla llegar. “Pero cuando se abrió la verja, vi a un montón de críos corriendo para abrazarme, tomarme el pelo y llevarme al patio a jugar con ellos.